Por: Daniel Peralta
Ya no nos engañemos. La era de la belleza natural en los concursos terminó. Hoy ninguna miss llega a una corona sin un retoque, sin un bisturí, sin un médico estético detrás. Y ante esa realidad, es hora de dejar la hipocresía y llamar las cosas por su nombre: lo que hoy coronamos no es Miss Belleza Natural, es Miss Estética Medical.
La trágica muerte de la joven Miss Austria, con apenas 22 años, nos obliga a mirar de frente a dónde hemos llevado a estas muchachas. Las sometemos a una carrera absurda por la perfección irreal: siete, diez, veintidós intervenciones para encajar en un prototipo de mujer hecha, diseñada en quirófano. ¿A costa de qué? ¿De su salud? ¿De su vida?
Si los concursos van a seguir exigiendo cuerpos esculpidos, rostros simétricos y medidas imposibles, entonces que sean honestos. Que cambien las reglas y reconozcan que el verdadero ganador no es el maquillista, es el cirujano. Que el premio no debería llevarse la candidata, debería llevárselo la clínica.
Porque la esencia se perdió. Antes una miss era carisma, elegancia, inteligencia, presencia. Hoy es una factura de quirófano. Y mientras los productores se llenan los bolsillos y los magnates intercambian coronas por favores sexuales, como todos sabemos y nadie se atreve a denunciar, las jóvenes ponen el cuerpo y a veces la vida.
Proponemos una reflexión seria a padres, a candidatas y a organizadores: si vamos a seguir en esta era irreal, al menos tengamos la dignidad de decir la verdad. No más Miss Universo, no más Miss Mundo. Miss Estética Medical: un concurso donde desfilen los médicos, donde se premie la mejor liposucción, el mejor implante, la mejor rinoplastia.
Solo así, quizás, las jóvenes entenderán la trampa en la que están entrando. Y quizás, ante el espejo deformado que les hemos puesto, la sociedad despierte y decida parar esta locura antes de que otra corona termine sobre un ataúd.

